El papel de algunos medios en la cobertura de la tragedia también exige reflexión

La tragedia del descarrilamiento del tren de Santiago será una fecha en la que siempre recordaremos lo que estábamos haciendo cuando recibimos las primeras noticias de lo sucedido en Angrois. Resulta evidente que para las familias, los amigos, las víctimas directas del terrible accidente esa fecha marcará, de una forma u otra, el resto de sus vidas. Creo que la gestión de las primeras horas, en general, ha sido un ejemplo de solidaridad de vecinos y ciudadanos, de profesionalidad por parte de personal sanitario, cuerpos de seguridad y atención ciudadana, empresas, y también de respeto institucional. Me refiero a la no injerencia política a la hora de colgarse medallas o protagonizar papeles que no corresponden en momentos tan dramáticos, tanto por parte del Gobierno como de la Oposición.

La otra cara de la moneda han sido algunos medios de comunicación. Podríamos generalizar, aunque es evidente que en la generalización se corre el riesgo de meter a muchos en un mismo saco, y lo cierto es que se salvan algunos. Pero por resumir: imágenes dantescas distribuidas sin pudor y culpando a fotógrafos de su ubicación en el diario, titulares aniquiladores de un maquinista al que la justicia no sólo no ha juzgado, si no que todavía no hay pruebas, ni indicios reales de culpabilidad de un veredicto de homicidio de casi 80 personas, visitas a la casa del “culpable mediático” del tema en cuestión, información poco veraz, sin confirmar, distribuida por redes sociales y escrita sin pudor aún con la sangre caliente. No es mucho pedir un poco de respeto.

Casualmente en el día en el que se publica la valoración y desafección ciudadana ante la ya denostada “profesión”, refiriéndose a la política, claro está, podríamos preguntarnos: ¿cuántos de los entrevistados creen lo que a diario publican los medios de comunicación?; ¿qué grado de veracidad aporta un medio que difunde imágenes y comentarios de una red social, aislados de todo contexto y forma, dando por hecho de antemano uno de los principales argumentos de cargo policial contra el ya famoso Garzón, a la sazón, el despiadado maquinista?; ¿cuántos creen que lo que publican las páginas de los diarios es verdad y no responde a intereses económicos de todo tipo, sean los que sean, y tratan con ello de condicionar a la masa social que los lee?; ¿con qué derecho irrumpen en la intimidad, el honor, la imagen y sobre todo, eliminan así cualquier atisbo de respeto para un profesión tan digna?

No sabemos si Garzón será declarado o no culpable. Lo veremos cuando actúe la justicia, al menos cuando se abra la caja negra que contiene la verdad casi absoluta de lo que ocurrió, sabiendo que esa será la verdad del tren y del que lo dirigía, pero no arrojará la responsabilidad de los que tienen la obligación de que lo que se pone en marcha tenga las garantías de seguridad necesarias para que accidentes así no sucedan.

Silvia Fraga

Directora de Stem & Co

 
 
 

STEM COMUNICACIÓN

Primera consultora de coolhunting empresarial e institucional de Galicia.